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Fórmula Burger: Héroes y villanos

BRUNO BURGER
bmburger@gmail.com


Sin la menor duda, el equipo Mercedes esperaba algo distinto para este comienzo del verano europeo de Fórmula 1.  Para no introducir antes de tiempo la evolución de la Unidad de Potencia, sacrificaron la séptima válida en Canadá, la que habitualmente dominaban, para iniciar con el GP de Francia un asalto europeo de tres fines de semana consecutivos y un distanciamiento de Ferrari, su rival más cercano.  

Lewis Hamilton logró el objetivo en el Paul Ricard, pero malas decisiones y fallas mecánicas impensables terminaron por hacerles perder las siguientes dos, en Austria e Inglaterra, quedando más bien relegados al segundo lugar tanto en la clasificación de pilotos como en la de constructores.

Sin embargo Mercedes optó por otra ruta para explicar su fracaso.  Se les ocurrió culpar a Ferrari de utilizar “tácticas interesantes” y actos “deliberados o de incompetencia” porque fueron chocados en la arrancada, primero Valtteri Bottas por Vettel en Francia, y luego Hamilton por Kimi Raikkonen en Silverstone.  Por supuesto, ni asomaron que la mala arrancada de sus propios pilotos influyó en ambos incidentes.

Lo que parece a priori una tonta excusa, detrás hay una estrategia de socavar el ánimo y la moral del oponente condicionando su desempeño tal como ocurre en el fútbol cuando a un jugador le muestran la tarjeta amarilla.  Más aun, tiende a influir en las decisiones de los jueces con penalizaciones más fuertes y en el público haciéndolos ver como los villanos que quieren sacar del camino a los verdaderos héroes.

Mercedes y Hamilton tienen antecedentes aprovechando los errores del contrario para humillarlo y tratar de hundirlo por sus posibles pecados en la pista, para una ventaja psicológica innegable.  En el 2014, Nico Rosberg sacó en Bélgica a su compañero Lewis Hamilton al tocarlo con su monoplaza y cortarle un neumático.  De allí en adelante el germano fue pitado y abucheado después de la amarga queja del británico que el equipo prefería que el Campeón fuera alemán.

En la temporada pasada, con el desagradable incidente de Azerbaiyán, Hamilton pidió un castigo ejemplar para Vettel por chocarlo en forma antideportiva cuando circulaban detrás del vehículo de seguridad a una velocidad controlada.  Coincidencialmente de allí en adelante el camino a un nuevo campeonato para el británico y Mercedes se hizo mucho más fácil.  

Más reciente aún, Mercedes y el propio Hamilton objetaron que la penalización de 5 segundos a Vettel por el incidente en Francia fue inapropiadamente leve, lo cual condicionó en cierta forma (quizás imperceptible) el castigo de tres puestos en la parrilla de salida en el siguiente fin de semana en Austria por una obstrucción del germano al piloto español Carlos Sainz durante las pruebas clasificatorias, a pesar de que este mismo declaró que no cambiaba en nada su posición.

Por muy absurdo que parezca el reclamo, el guión fue claro.  Apenas terminó el gran premio británico, tanto Toto Wolff, Niki Lauda como Lewis Hamilton declararon a los medios lo mismo: que Ferrari les había dañado dos carreras con choques adrede.

Para darle dramatismo, el acto teatral (a lo Neymar) de un apesadumbrado Hamilton antes de su queja, logró imprimirle la fuerza suficiente para que no pasará desapercibido su reclamo.

Mientras más villano se hace ver al villano, más héroe luce el héroe (“El Príncipe” – Nicolás Maquiavelo, 1513).


Mercedes y Hamilton tienen antecedentes aprovechando los errores
del contrario para humillarlo y tratar de hundirlo por sus posibles
pecados en la pista, para una ventaja psicológica innegable.

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