Motor LATAM

Los automovilistas cuestionan el pésimo servicio en general

Resolver problemas vinculados al automóvil es cada vez más complicado


Lectores allegados a este medio suelen solicitar recurrentemente nuestra atención para exponer los problemas que hoy día sufre cualquier automovilista normal que requiera servicios de reparación en sus carros en subsistemas como electricidad, aire acondicionado, cauchos, tubos de escape, frenos y similares.

“No importa el gremio.  Sea el que esa, en todos lados lo común es el maltrato al cliente” nos repuso un lector de Caracas.

Entre los diversos casos que hemos escuchado podemos citar el de un joven oficinista que necesitó casi una semana para resolver un problema con las pastillas de su carro, un utilitario Chevrolet Aveo.

“Fui a un negocio reconocido y me revisaron el carro, dándome un presupuesto tan exorbitante como el precio de todos los bienes y servicios de la Venezuela actual.  No fue barato, es decir, no para mi bolsillo, porque se trató de una reparación de casi 100 millones de bolívares, pero me pidieron llevar el carro otro día porque no tenían liga de frenos”,  explicó nuestro lector.

Al acudir a la cita, los encargados del taller volvieron a excusarse por no tener liga, sugiriendo volver esa tarde y posteriormente al día siguiente. 

“Finalmente lo que comenzó un miércoles terminó atendiéndose el martes de la semana siguiente, luego de ir tres veces a sitio…”, relató.

La historia continúa relatando:

“La reparación no fue gran qué.  Luego de haber ido tres o cuatro veces en los días anteriores, resulta que al llegar el día en que sí había liga, me ponen tres o cuatro carros por delante ¡habiendo llegado a las ocho de la mañana!  Un solo técnico estaba atendiendo a la vez a tres o cuatro carros, así que finalmente para rectificar los discos, instalar un juego de pastillas y purgar el sistema perdí toda la mañana”.

El suplicio no acabó allí.   “La encargada de administración llegó a las 10am y se la pasó tomando café hasta comenzar a trabajar a las 11.  Cuando el encargado del taller me dice a la 1 pm que mi carro está listo, voy a pagar y entonces la chica dice que no hay punto.  La intransigencia se convierte en grosería cuando ella dice que solo puedo pagar en efectivo o con punto de venta, porque no me entregarán mi carro hasta que el dinero no ingrese a cuenta.  No se vale hacer transferencia de otros bancos, ni pagar con tarjeta de crédito, ni pagar con cheque, ni hacer un depósito.  Le dije que hasta entonces había ido no menos de cuatro veces al taller preguntando si les había llegado la liga para hacer la reparación y que perfectamente podían haberme advertido eso para yo hacer una transferencia con calma y la chica me dice: “estamos en Venezuela”…”

Los problemas para pagar en el sitio, la falta de insumos, los insumos de mala calidad, los precios altos y la mala calidad de las reparaciones son moneda común en la mayor parte de los negocios que prestan servicios a los automovilistas.  

En algunos casos “los negocios son propiedad de personas que ya murieron o se fueron del país, delegando la empresa a los hijos o a un encargado, que carecen del conocimiento o no tienen capacidad de compromiso alguna”.

Otras veces “los dueños están en el negocio, pero ya están cansados de bregar con un personal que vive más pendiente del bono que le van a dar, del jueguito de los animalitos en la lotería, del juego entre ellos y de su celular”.  

Si se pretende recibir a cambio de lo que se paga un buen servicio y algo de respeto, es preferible resignarse. 

“Mucho hacemos para lo que nos pagan…”, dicen invariablemente los empleados.  Otros esconden su propia incapacidad, desinterés y apatía detrás del consabido “estamos en Venezuela”.  Otros sencillamente se limitan a pronunciar sin ningún desparpajo montos por facturas de servicio que pueden representar diez o más veces su sueldo. 

“Para esa gente es normal pedir 8 millones por un litro de aceite o 50 millones por un caucho, pero al mismo tiempo se quejan y sufren porque no pueden pagar un millón de bolívares por un desayuno en la panadería de al lado.  La indolencia, la apatía y la insensibilidad son comunes… ”.

Lo peor es que los automovilistas se sienten indefensos:

“No hay nada que puedas hacer.  Nadie que te defienda.  Es como una selva.   Si tu carro es bueno, entonces te cobran más.  Si tu carro es malo, ni te respetan porque eres un “pela bola”, así que simplemente no sabes”.

El lector que inspiró esta nota tuvo que dejar su carro en el taller hasta el día siguiente, cuando la transferencia que realizó se hizo efectiva. 

“Pero la alegría me duró poco… al cabo de un rato, el pedal se puso esponjoso.  Regreso a los dos días y el encargado me dice que eso es normal, porque todas esas pastillas de frenos han dado problemas a todos los clientes que las han montado”. 

El hombre se ríe tristemente antes de relatar la solución que le ofrecieron: “tenemos unas pastillas importadas marca X, para los clientes especiales… si nos deja el carro se las montamos en un momentico, pero como ya usted montó las otras y no les sirvieron solo le cobramos la pieza, no la mano de obra…”


Los automovilistas venezolanos no solo deben bregar con costos
elevados por piezas y servicio. También deben soportar el maltrato,
la ineficiencia, los malos modos y las reparaciones de mala calidad.
No importa el gremio. Una simple recarga de gas para el sistema de
aire acondicionado le puede costar el sueldo de un mes y es seguro
que tendrá que ir 3 o 4 veces al lugar antes que el trabajo esté bien.

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