Industria

5 símbolos de Porsche que dan forma a su leyenda viva

La marca tiene muchísima historia más allá de los 911 y los 356 - Parte 4
JULIAN AFONSO LUIS


La preocupación que por muchos años sintió Porsche al saberse demasiado dependiente comercialmente hablando de un solo producto - el célebre 911 -  no ha sido episódica dentro de la empresa.  El 914 de motor central desarrollado en conjunto con Volkswagen (ver nuestra edición de ayer) respondió esta inquietud hasta cierto punto y el 924 (y sus derivados) representó un significativo avance hacia el sentido correcto, pero la verdadera independencia comenzó a llegar realmente a finales del pasado siglo con productos como el Boxster y el Cayman.

Los expertos en la historia de la marca recordarán cómo - pese al impacto comercial positivo de los 924/944968 - la excesiva dependencia del 911 todavía a finales de los años ’80 e inicios de los años ’90 estaba en capacidad de dar un susto a los administradores de la empresa. 

Por diversas razones la generación denominada 911/964 producida entre 1988 y 1992 no cautivó a los clientes de la casa del mismo modo que sus antecesores, lo cual obligó a Porsche a crear una evolución mucho más audaz y más apareada con el paso del tiempo que apareció en 1993 como el 911/993. 

Sin embargo, el susto había sido grande y por ello la casa se empeñó en intentar nuevamente encontrar ese modelo alternativo de la gama que se vendiera a un precio menor que el del 911, que pudiera producirse a un costo menor y que se vendiese masivamente.

Históricamente Porsche siempre ha cometido el error de entender que, para mejorar sus productos, debe añadir más y mejor de todo.  El 924 es uno de los varios ejemplos de esto: cuando el carro apareció en 1976, su precio era sensiblemente menor al del 911 y se dirigía a un cliente más numeroso, menos purista.  También el 924 representaba el necesario elemento de acceso a la gama para esos clientes que no tenían dinero para comprar un 911 pero que en el futuro podrían tenerlo, dando a éste un valor aspiracional, y también dándoles tiempo para adquirir los conocimientos y destrezas requeridas para poseer y valorar un carro tan específico como el 911.  

Sin embargo las sucesivas evoluciones del 924 hasta convertirlo en el 968 hicieron que Porsche en la práctica terminara ofreciendo a sus clientes de siempre dos alternativas diferentes por un precio casi idéntico: un Porsche con motor frontal y uno con motor trasero.

Para bien y para mal, Porsche no pudo disponer de mucha liquidez a la hora de buscar esa nueva alternativa para el 911.  Los problemas de la empresa en esos momentos eran graves, pero también gracias a ellos los ingenieros se esforzaron en ser creativos a través de la simplicidad y evitando las ideas faraónicas.

La respuesta comenzó a forjarse a través de un prototipo denominado Boxster, que dio vida a un modelo definitivo de producción en serie que también se llamó de ese modo y fue la gran novedad de la marca para mediados de la década de los ’90.

La necesidad de generar economías de escala hizo a Porsche usar como banco de piezas al 911/993, cuya concepción también se vio influenciada por esa necesidad de racionalización impuesta por la falta de liquidez.  De ese “nuevo 911” el Boxster tomó casi calcado todo el extremo delantero desde el parabrisas hacia delante.  Pero el resto se definió de otro modo, obviamente siempre recurriendo a la estantería de la marca.

El nombre Boxster es la contracción de los términoso “bóxer” y “roadster”, aludiendo al motor de cilindros opuestos que llevaba el carro y al tipo de carrocería.  En el estilo de esta, Porsche renunció voluntariamente a añadir elementos visuales que recordasen al 911 y más bien prefirió inspirarse de las propias fuentes, yendo mucho más atrás, a la época del 550 Spyder, o del 356 Speedster.

El resultado fue un vehículo biplaza cómodo, muy fácil de usar en la vida cotidiana, muy estético, muy bien hecho, con la distinción técnica del motor central y con la identidad de que los cilindros del motor son opuestos.  Gracias al uso generoso de piezas “de estantería”, mayormente provistas por el 911/993, el carro podía armarse a un costo muy razonable, por lo cual su precio fue bastante accesible.

Porsche además apuntó muy bien al segmento de mercado al cual iba a participar.  En esos años de inicios de los ’90 el impacto comercial del Mazda Miata estaba haciendo escuela en la industria y todas las empresas pensaron en ofrecer alternativas.  En eso se apuntaron las marcas premium alemanas, es decir, BMW, Audi, Mercedes-Benz y Porsche, pero mientras BMW y Audi visionaron en principio una suerte de “Miata recargado” con accesorios y un emblema prestigioso, en Mercedes-Benz y Porsche lo interpretaron a través de un planteamiento premium que fue el que prevaleció, creando un nuevo nicho de mercado: los biplazas premium de tamaño compacto.

Teniendo un producto para la nueva moda del momento y pudiendo ofrecerlo a un precio muy razonable, Porsche recogió con el Boxster un éxito comercial inmediato y ruidoso.  En él la empresa mantuvo presente la necesidad de nunca llegar a evolucionarlo tanto como para meterlo en el mismo segmento de precio del 911 cabriolet, pero al mismo tiempo se permitió desarrollar una larga lista de accesorios, aditamentos técnicos y ediciones especiales porque esa búsqueda de alternativas al 911 enseño a Porsche que el mercado del accesorio opcional podía ser muy lucrativo.

Ya en otros modelos, Porsche se encargó de alimentar el apetito ególatra de sus clientes, ofreciendo como mejoras sustanciales diversos paquetes que lograban “milagrosas” reducciones de peso y “milagrosos” incrementos de potencia que combinados significaban una mejora sustancial del rendimiento del carro, sobre todo en pista.   En la práctica, tales reducciones de peso suelen ubicarse entre los 10 y 15kgs y los aumentos de potencia suelen ofrecer unos 15 o 20 HP adicionales (obviamente esto depende según el modelo y el precio de la “sustancial” mejora), generando un resultado que solo podía ser apreciado cuando el carro era conducido por un piloto profesional en un circuito y eso se medía cronómetro en mano.  Sin embargo el cliente pagaba complacido el precio de tales paquetes de mejoras convencido de recibir la mejora espectacular que ofrecía Porsche, cuando en realidad lo único espectacular en estos casos son los márgenes de ganancia, como bien lo han explicado gente como Lee Iaccoca o Raymond Levy.

A finales de la década de los ’90, Porsche entendió que el éxito del Boxster podía multiplicarse por dos al verificar hasta qué punto los clientes pedían el techo sólido desmontable opcional que complementa al tradicional de lona.  Así las cosas, desarrolló un derivado del Boxster, denominado Cayman, con un vistoso techo de caída en fastback que recuerda mucho esos primeros prototipos con los que Porsche comenzó a escribir su historia en Le Mans.

Obviamente, Boxster y Cayman se han desdoblado en versiones S, con más potencia y más equipo.  Y no yerra quien piense que desde que aparecieron los dos modelos han aparecido también numerosas versiones especiales, conmemorativas y de todo tipo, muchas de ellas numeradas.

Tampoco estará errado el lector que piense que si uno se deja tentar por la larga lista de opciones que siempre crea Porsche para estos casos, uno se puede configurar un Boxster o un Cayman a la medida de sus sueños y que pueda ser tan costoso o incluso más que un 911.  Sin embargo son opciones;  las versiones básicas del modelo se siguen fabricando y es que Porsche ya hace rato que aprendió que es mejor vender un carro de tipo básico cargado de opciones, que un escaparate tecnológico.  

La primera alternativa es mucho más lucrativa aún que la segunda y sigue ofreciendo la posibilidad de atender a dos tipos de cliente: al tradicionalista dispuesto a pagar una alta suma y que por ello quiere opciones diferentes para elegir, y al que se inicia en el mundo Porsche, o desea prescindir por una u otra razón de lo que ofrecen los hermanos mayores y más caros.

El Boxster (y luego el Cayman) hizo mucho por ayudar a Porsche a estructurar una gama en la cual el famoso 911 sea solo un modelo más.  Pronto llegaría otro modelo que también hará mucho en este sentido y le brindará a Porsche la posibilidad de participar en otros nichos del mercado de vehículos de alto nivel: el Cayenne.


Describir lo que significa el Boxster/Cayman como producto
dentro y fuera de Porsche exige mucho más que una simple
nota, pero a simple vista no puede caberle a nadie ninguna
duda acerca de que ambos demuestran que el fabricante
alemán conoce muy bien su negocio…

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